La tarea liberadora que cabe al hombre sobre la tierra

Roberto Pla, como se ha dicho, nos legó su sabiduría a través de sus textos escritos, expresada en ese lenguaje "interior, silencioso, impensado, de origen profundo", que sólo puede surgir como manifestación de nuestra Verdad más íntima. Se ha intentado preservar todo este Conocimiento, ofreciendo en estas páginas el texto completo de artículos y cartas y facilitando el acceso a los libros que escribió, tradujo o comentó. Sus palabras, de las que ahora mostramos algún breve pasaje, transmiten la generosidad y belleza de un pensamiento orientado al Ser:

"El Conocimiento cuando es completo, cuando comprende la totalidad de nuestro ser y de nuestro convencimiento, es en sí mismo un principio transformador, una caudalosa corriente que anega todos nuestros falsos componentes de ignorancia y deja al descubierto la Realidad, suma y compendio de toda religiosidad verdadera. Es este encuentro con la Realidad o, mejor aún, es este descubrir que uno Es la Realidad misma, lo que puebla la acción religiosa y permite llenar de contenido los pasos de la propia vida. Conocer y Ser son una misma cosa.

El Conocimiento, en lugar de ser mero saber filosófico de la mente, se convierte en un fuego devorador y transformante, capaz de proporcionar la necesaria y ansiada plenitud interior. El empleo justo de la inteligencia es la única tarea liberadora que cabe al hombre sobre la tierra. Una tarea que, aunque ardua y difícil, llena la vida del hombre de un contenido espiritual que otorga por sí mismo un sentido pleno al hecho de vivir."

Introducción al Viveka-Suda-Mani

 

 

"Dice Vd. estar seguro de no ser una rosa, de que carece de perfume. Permítame decirle que eso lo piensa porque no reconoce su "sí mismo" y se identifica con la costra que le envuelve y oscurece. Quiero decir que su "sí mismo", Vd., es quien mira, el espectador siempre y en todos los casos y no aquello que "es mirado", el espectáculo. Podría afirmar, apurando la metáfora, que Vd. no es la rosa sino el perfume. No que en Vd. hay perfume, sino que es el perfume mismo. Lo que sucede es que su mente no lo sabe y ese es el tremendo problema. Ese es, en verdad, el problema de casi todos, que, como dijo Shankara, se funda únicamente en la ignorancia. La ignorancia de lo que uno es. El hombre acostumbra a mirar sus pensamientos y reacciones, sus deseos, sus frustraciones, su bondad y su maldad..., convencido de que todo eso -un mero cúmulo de cosas transitorias, mudables, de dudosa existencia real-, constituyen en su conjunto el "sí mismo" y se identifica con todo ello.

 

Ciertamente, no es fácil desandar ese camino de la identificación errónea. La "Tabla esmeraldina" aconseja “separar con gran industria lo sutil de lo grosero". Ese suele ser el largo trabajo del hombre para reconstruir la realidad mediante la acumulación de pequeñas revelaciones. Pero no hay que olvidar que San Pablo se cayó del caballo ante el empuje de una iluminación repentina. Ni lo que Ramana Maharsi relata acerca de su realización, allá en su juventud, en el transcurso de una sola e intensa noche. La llegada de la luz como "un relámpago fulgurante" es una cita, un aviso del Evangelio. Posiblemente se refiere a la rapidez y sorpresa con que se produce la mutación final y no a la aparición grandilocuente de la luz y la energía. (…) Mas lo decisivo es comprender que al final nada habrá cambiado. Las tinieblas y la humedad que Vd. nombra, no existen ni han existido nunca más que en su imaginación y la luz y la energía que Vd. prevé -su Ser real-, siempre estuvieron allí, donde están y donde seguirán estando eternamente, aunque su mente no lo sabe."

 

Pregunta y respuesta a un lector

 

 

"Por eso te digo: ten paciencia, porque toda turbación es mala. El guerrero verdadero eres tú mismo y tiene ganada la batalla de antemano. Sabiendo eso, puedes vivir para los demás y enjugar entretanto las lágrimas que veas, lo que solo es posible si mantienes la paz y la alegría dentro de ti. Mientras tanto, la planta de ti mismo, crecerá sola. No lo olvides."

Carta a Esperanza Borús

 

 

"Por el reconocimiento de su nadidad, el alma se vuelve sumisa, dócil, a la acción del Primer Misterio y  poco a poco alcanza su posición verdadera, que consiste en ser sólo una caña agitada por el viento. La falacia del tiempo cesa entonces para ella, por cuanto el alma, abierta, confiada en  el soplo que la lleva, decide no ser ella misma, sino el Misterio, y vive sin sondar el futuro, pero muy atenta a las palabras del silencio."

Logion 73 de "El Hombre, templo de Dios vivo"