La tarea liberadora que cabe al hombre sobre la tierra

Roberto Pla nos legó su sabiduría a través de sus textos escritos, expresada en ese lenguaje "interior, silencioso, impensado, de origen profundo", que sólo puede surgir como manifestación de nuestra Verdad más íntima. Se ha intentado preservar este Conocimiento, ofreciendo en estas páginas el texto completo de artículos y cartas y facilitando el acceso a los libros que escribió, tradujo o comentó. Sus palabras, de las que ahora mostramos algún breve pasaje, transmiten la generosidad y belleza de un pensamiento orientado al Ser:

 

Introducción al Viveka-Suda-Mani.

"El Conocimiento cuando es completo, cuando comprende la totalidad de nuestro ser y de nuestro convencimiento, es en sí mismo un principio transformador, una caudalosa corriente que anega todos nuestros falsos componentes de ignorancia y deja al descubierto la Realidad, suma y compendio de toda religiosidad verdadera. Es este encuentro con la Realidad o, mejor aún, es este descubrir que uno Es la Realidad misma, lo que puebla la acción religiosa y permite llenar de contenido los pasos de la propia vida. Conocer y Ser son una misma cosa.

El Conocimiento, en lugar de ser mero saber filosófico de la mente, se convierte en un fuego devorador y transformante, capaz de proporcionar la necesaria y ansiada plenitud interior. El empleo justo de la inteligencia es la única tarea liberadora que cabe al hombre sobre la tierra. Una tarea que, aunque ardua y difícil, llena la vida del hombre de un contenido espiritual que otorga por sí mismo un sentido pleno al hecho de vivir."

 

Fragmento de la carta al Prof. Lahiry.

"(...) Pero ahora todo ha cambiado de dirección, un cambio radical que ha venido por sí solo, casi de repente, sin luces mágicas, ni estado emocional nuevo y que responde con precisión y en verdad a la locución Yo soy Eso. Cuando estoy en silencio, sumergido en mí paz consciente, o cuando vivo, hablo, escribo, pienso, Yo soy siempre Eso y no porque pienso o creo que Soy Eso, sino porque Eso es el fondo absoluto, eterno y permanente de mí mismo, de lo que Soy.

 

Me importa explicarte que este del que hablo no es un estado anormal, exaltado, pues ninguna otra cosa ha cambiado. En realidad nada veo. No hay luces, ni percepciones de ninguna clase. Tampoco soy más sabio, ni un hombre realizado, etc… Lo único que podría decirte es que siempre estuve en una orilla y ahora estoy en la otra, eterna, perfecta, permanente, para siempre. En cuanto al paisaje de esta nueva orilla, no lo conozco; lo único que me parece es que está hecho de amor, de unidad con todo y de humildad."

Carta a Esperanza Borús.

"Por eso te digo: ten paciencia, porque toda turbación es mala. El guerrero verdadero eres tú mismo y tiene ganada la batalla de antemano. Sabiendo eso, puedes vivir para los demás y enjugar entretanto las lágrimas que veas, lo que solo es posible si mantienes la paz y la alegría dentro de ti. Mientras tanto, la planta de ti mismo, crecerá sola. No lo olvides."

 

De la introducción a “El hombre templo de Dios Vivo”.

Mi propósito al escribir esta obra ha sido el de despertar el amor hacia el Cristo completo; y al decir Cristo completo me refiero conjuntamente al Cristo que murió por los hombres hace casi dos mil años en Jerusalén y cuyo amor ha sido fomentado la exégesis manifiesta desde el principio del hecho cristiano, y al mismo tiempo al Cristo prexistente y eterno. Aunque ambos Cristos son uno solo, si se quiere entender al Cristo completo no es posible prescindir del Cristo que desde el principio y desde que existió el primer hombre sobre la tierra, yace olvidado, desconocido, “crucificado” en el interior de cada hombre, y que solo espera para revelar su presencia inmortal, divina, inseparable, ser invocado por el amor y la fe. Entonces llegará al interior de cada hombre la bienaventuranza verdadera de la resurrección.

Cuadros de Cristina Bruno fotografiados con su permiso.
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